Laraki Fulgura: el supercar que vino de Casablanca

La historia de la industria automotriz está salpicada de genios, visionarios, luchadores y vendehúmos y, a veces, conviven varios de ellos en una misma persona. En dos décadas de siglo XXI ya hemos sido testigos de la vida y desventuras de muchos proyectos ambiciosos que, con mayor o menor fortuna, quisieron traer al mundo toda suerte de automóviles deportivos con los que batir récords y llenar portadas. La curiosa epopeya que os traemos hoy es un ejemplo más.

No es una quedada tuning de los 2000, es Abdeslam Laraki con el primer Fulgura.

Corría el año 1999 cuando Abdeslam Laraki, un joven diseñador marroquí del mundo naútico y que trabajó para Franco Sbarro (se nota), fundó junto a su potentado padre, el empresario y también diseñador Abdesslam Laraki, la marca que llevaba el apellido de la familia: Laraki. ¿El objetivo? Crear el primer superdeportivo africano, estableciendo su sede en Casablanca.

Primer concept (no funcional) del Laraki Fulgura

Tal fue su ambición que, solo tres años más tarde, desembarcaron en el Salón de Ginebra de 2002 con su primer concept, el Fulgura. De los dos prototipos presentados, uno en color plata y otro en un amarillo brillante, solo este último era plenamente funcional y bajo una exótica carrocería de fibra de carbono, escondía el chasis de un Lamborghini Diablo de 1991. Cosas de la vida.

Segundo prototipo del Fulgura en el Salón de Ginebra de 2002

A pesar de anunciarse en 2002 y después de volver a presentar en Ginebra (2003) la primera versión de producción -con un diseño bastante cambiado y de la que se hicieron unas 10 unidades-, no veríamos el Fulgura definitivo hasta 2005.

Segunda versión del Fulgura

Con su espectacular apertura de puertas y unas formas vanguardistas, parecía la perfecta traslación del concept a la calle. Para el resto de las cosas, esas que no se ven tanto, el Fulgura era un batiburrillo de piezas, una especie de monstruo de Frankenstein tratado con cierto cariño. ¿Por qué? Veamos:

Vista frontal del Fulgura, con sus espectaculares puertas.

A pesar de prometer un V12 con cuatro turbos y más de 900 caballos, el Fulgura tuvo que apañárselas ofreciendo dos propulsores en posición central made in Mercedes: el V8 Kompressor de 5,4 litros (con kit Brabus) con 570 caballos y el V12 biturbo de 6 litros y 660 caballos. Con ellos y su monstruoso par, aceleraba de 0 a 100 por debajo de los 4 segundos y superaba en todo caso los 320 km/h de punta (350 para el V12).

Vista lateral del Laraki Fulgura

Estos potros germánicos, sobre una base italiana en un supercar africano, se gobernaban a través de una transmisión automática de 7 relaciones que enviaba la potencia a las ruedas traseras, unos rodillos de 335mm. La mezcla era, cuando menos, curiosa.

Trasera del Fulgura, con su difusor totalmente funcional.

Con suspensiones fabricadas a medida, llantas Braid y uso extensivo de fibra de carbono y materiales ligeros, se valía de muchas de las soluciones adoptadas por sus rivales de la época para pegarse al suelo. De hecho, las entradas de aire laterales nos recuerdan bastante a un F430. Sea como fuere, el Fulgura detenía (en teoría) la báscula en unos nada desdeñables 1250 kilogramos, aunque no sabemos nada de su estabilidad por encima de 300km/h.

En el interior continuaban las pruebas de haber acudido a las rebajas del 2002; un disimulado volante del Clase C W203 cuidadosamente retapizado, teclas y botones heredados de los Mercedes de época o incluso los aireadores de un Audi TT de primera generación. Los asientos de cuero no parecían lo último en agarre pero se veían confortables y qué decir del pomo del cambio… Ojalá la versión manual del concept hubiera llegado a producción.

Interior del Laraki Fulgura. ¿Qué piezas de otros vehículos consigues distinguir?

Después de tan solo 99 unidades producidas, que desconocemos si fueron todas vendidas (unos 300000€ el V8 y unos 450000 el V12), el sueño del Fulgura terminó para siempre. Y aunque Abdeslam Laraki lo volvió a intentar con el Borac y, más recientemente con el Epitome, nada funcionó.

Laraki Epitome en el concurso de elegancia de Pebble Beach en 2013

Mientras pensamos en lo que pudo haber sido, sabed que hay dos unidades que rondan o han rondado por nuestro país. Todo un unicornio nacido de un sueño truncado.

Publicado el 
24/11/2021
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Historias