Introducción
Hay coches que se prueban, sin más. Y hay coches que se recuerdan. El coche de hoy pertenece claramente al segundo grupo. Porque más allá de cifras, prestaciones o comparativas, lo que propone el nuevo Mustang es algo cada vez más difícil de encontrar: una experiencia directa, sin filtros, sin artificios, sin apenas intermediarios entre lo que ocurre bajo el capó y lo que sientes al volante.

En un momento en el que casi todo se ha vuelto más eficiente, más tecnológico y predecible, el Mustang sigue apostando por una receta tan simple como poderosa: motor grande, tracción trasera y cambio manual. ¿Tú? En medio; épico.

Un icono generacional que cumple 60 años
El Mustang es un icono pop, la imagen del sueño americano de los sesenta y reconocible en todo el mundo. Un coche que ha acompañado a varias generaciones, cada una en su contexto, cada una por motivos distintos y que siempre ha estado presente en esto de amar el automóvil.

Seis décadas después de su lanzamiento, el Mustang sigue siendo un hilo conductor entre épocas. Una forma de entender el motor que ha trascendido el producto que es y que nos ha visto, en cierta manera, madurar como medio de comunicación. Y hoy, en Europa, supone la última opción para hacerte con un V8 asociado a un cambio manual.

Características
Afortunadamente, el Mustang ya no es solo un muscle car al uso. Hoy es un deportivo en toda regla, con modos de conducción para cada momento gracias a una electrónica trabajada, un chasis sofisticado y un eje trasero que nada tiene que ver con aquellos Mustang torpes y descompensados del pasado.

Aun así, el protagonista sigue siendo el de siempre: un motor bien gordo. De nuevo, un V8 atmosférico de 5.0 litros, sufriendo para extraer 446 CV y 548 Nm de par “gracias” a la actual normativa -en EEUU tiene 486 CV-. ¿Lo mejor? Puedes seguir eligiéndolo con una caja manual de seis marchas.

Hereda unos capaces frenos Brembo de seis pistones delante con discos de 390 mm que ya vimos en las versiones pata negra de hace no mucho, suspensión completamente independiente y, en esta unidad, el sistema MagneRide, que adapta la dureza en tiempo real leyendo constantemente el asfalto -algo que se nos antoja casi obligatorio seleccionar-.

Pero lo realmente interesante no está en los números, está en su esencia imperturbable de coche old school, solo empañada por un interior cuyo salto digital no es para todo el mundo.

Diseño
Visto desde fuera, el Mustang sigue diciendo exactamente lo que siempre ha dicho: presencia y músculo. Un conjunto enorme que roza los cinco metros de largo y los dos de ancho y que, en nuestro continente, destaca como una silueta imponente en la carretera.

El capó largo, el perfil bajo, el culo ancho y esos tres pilotos traseros verticales hacen que sea instantáneamente reconocible. Pero también hay evolución: parrilla más grande, nueva firma lumínica más afilada, detalles en negro… Parece más sofisticado, menos recargado.

Vida a bordo
Aquí dentro es donde llega la polémica. Es más tecnológico que nunca y puede dividir opiniones con esas dos pantallas enormes con gráficos 3D que sustituyen a las clásicas agujas. La personalización es prácticamente infinita, pero queda la duda de si envejecerán con la misma elegancia que los cuadros tradicionales.

Sin embargo, pasados los primeros minutos, todo eso deja de llamar tanto la atención y puedes hasta perdonarle; en cuanto lo importante hace aparición. El volante, los pedales, la palanca.., están donde deben. Ahí, abrazándote junto a unos asientos comodísimos, calefactados y ventilados que redondean el combo. El espacio es tal que, independientemente de la talla, encontrarás tu postura y, aún más: la sensación de ir conectado con el coche.

Para colmo y en ausencia de un freno de mano de “pincho”, Ford se ha sacado de la manga un freno de mano eléctrico que funciona como un hidráulico en el modo “derrape con freno” y que, tirando de él, podrás hacer el burro como antaño sin tener que renunciar a los cinco mil asistentes de conducción que la UE cree necesarios para ti.

Y todo esto encaja con tu día a día. Primero, porque la habitabilidad es más que correcta. Maletero enorme, plazas traseras aptas (si no mides más de 1.8m) y un rodar que hace de recorrer cientos de kilómetros, un juego de niños. Además, el consumo es sorprendente para tratarse de un enorme V8; en autovía va tan desahogado que baja de 10l/100km muy fácil. En el resto de ambientes no es tan frugal, pero creo que te lo imaginabas y no debería preocuparte.

Comportamiento dinámico
Ahora sí. Porque el Mustang GT es, sobre todo, conducción (alegre). Todo lo que te permite su primera impresión, porque sentirás que es un coche grande, muy grande. Más de 1.800 kg y esos cinco metros de largo pueden resultar demasiado para según qué carreteras.

Y pasados los kilómetros.., nada más lejos de la realidad -aunque hay que acostumbrarse. La dirección es comunicativa, suficientemente ágil, con el peso correcto y acabarás sabiendo situar bien el coche en la calzada. Un conjunto que se sujeta muy bien, transmite confianza y es noble en los paseos domingueros.

Mención aparte para la suspensión MagneRide. Con ella el Mustang deja de ser simplemente un deportivo americano para convertirse, sobre todo, en un gran GT muy capaz. Un coche con el que devorar kilómetros, viajar, pasar horas al volante y disfrutar de la carretera, aun cuando esté en las condiciones actuales de nuestras vías.

¿Te hemos dicho que es dócil? Pues sí y no. En esa dualidad juegan un papel clave los modos de conducción. Desde el modo normal hasta el modo circuito, todo se adapta a tu nivel y a lo que quieras hacer en cada momento. Un aumento gradual de la dificultad que progresa contigo y que, en última instancia, no te va a perdonar tus fallos.

Porque si decides ignorar ayudas y afrontar una carretera de curvas “a pelo”, el Mustang muerde y es cabr*n. Adictivo sí, pero delicado e incluso impredecible. Así, en el modo Sport o Circuito, te entrega los 446 CV y los 548 Nm al eje trasero de forma progresiva, aunque también bruta. Es un motor fácil de modular que, a pesar de ello, sigue enviando una salvajada de potencia directamente a las ruedas traseras.

Es de esos a los que hay que tener respeto. De andar con ojo con el acelerador, con el volante y, sobre todo, con no saturar ambos a la vez. Porque las inercias se dejan notar aun con la suspensión mágica que equipa y porque, en las carreteras húmedas del norte, gusta demasiado de asomar la trasera con unas Pirelli PZero que, cumplidoras, acaban cediendo ante semejante torrente de par.

Un rodeo tosco que te exige andar pendiente del cambio, de cómo se transfieren los pesos y de no aporrear el pedal derecho. Su nombre no es casualidad y, en estas lides, la comparación de domar un caballo salvaje le encaja.
Precio y alternativas
Si hablamos de precio, la realidad es clara: no hay nada igual. Parte en torno a los 62.000 euros, y en el mercado europeo no existe ningún otro coche nuevo con V8, cambio manual y este planteamiento; ninguno

En el plano pasional y para nosotros, el Alpine A110 puede aparecer como alternativa, pero es un coche completamente distinto. Así que, con esto y la muerte temporal del Porsche Cayman, apenas hay deportivos en esta franja.
Conclusión
Algún día todo esto será historia. El cambio manual. El sonido. El motor sin trampa ni cartón. Por eso, sabemos que recordarás este coche mucho más por sus intangibles. Es ahí donde arrasa el Mustang; te hace sentir especial (al menos en Europa) y es lo suficientemente aspiracional y terrenal a la vez. Está lejos de ganar una crono, de ser delicado o de hablarte como un deportivo de los nuestros, pero sonríes mientras te grita, te zarandea y escupe tabaco. Carisma, o aura que se dice.

Vídeo completo en nuestro canal
Si quieres ver el Mustang GT Manual en movimiento, escuchar su V8, entender de verdad cómo se siente y acompañarnos en este homenaje, te dejamos aquí la prueba en vídeo:
